
El gobierno que impulsa el ecosocialismo -esa incipiente conjunción inventada del socialismo con la ecología- propuso que, entre sus fórmulas para generar riqueza, se ideara un mecanismo capaz de sustitutir las importaciones de muebles y piezas de madera con producción nacional. Bajo esa premisa se bautizó el motor forestal.
Para intentar encenderlo, el Ejecutivo organizó en febrero unas mesas de trabajo con pequeños y medianos empresarios del sector. Allí se habló sobre aserraderos, carpintería, papel, cartón. Se dijo que la producción de madera podría dejar, anualmente, un millardo de dolares para el pais Se comentó que Venezuela tenía 16 millones de hectáreas para desarrollar la actividad y que para 2020, se podría contar con una superficie plantada de 33 millones de hectáreas en caso de que la siembra comenzara de una vez.
Lo cierto es que, hasta ahora, nada ha podido hacer Maduro con un motor que destroza, por si fuera poco, el quinto objetivo histórico del plan de la patria “preservar la vida en el planeta y salvar la especie humana”.
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